no será ni la primera ni la última vez que nombre ese preciado sonido .

Ella se dirigía hacia su casa, en busca de una melodía que la llamaba. Ella, la entonaba en la calle y no sabía nada de aquella nueva sequéncia de notas que depronto apareció en su mente. Ella solo sabía como  debía entonarla. Cruzaba los semaforos y tarareaba, ella regalaba una o dos notas a cada transeunte que se cruzaba en su camino compadeciéndose de ellos por no estar escuchando aquella grandísima música que su cabeza le estaba dictando. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, llegó a su casa ... Ese magnifico edificio que databa de la época modernísta, situado en el centro de Barcelona,  tenia unos techos altísimos que dotaban la imagen del carácter más señorial de los años ..
Abrió la puerta del destartalado ascensor ferreo, bajó en el número dos sin dejar de entonar esas notas y derepente ... sus labios dejaron de,... para dejar paso a su oido ...

Las mismas notas tarareadas ..

Ese sonido inclnfundible del piano ...

Sin dudarlo ni un segundo, subió las escaleras de mármol desgastadas por el tiempo . Ella núnca se había atrevido a seguir aquel encandilador  y misterioso sonido procedente de las teclas ... subía escalón tras escalón sin poder dejar de pensar de dónde procedia la enigmática música que deleitaba a sus oidos...

Cuando porfin  consiguió encontrar el lugar de procedencia, observó aquella magneficiente puerta  que media dos como ella. Se sentó en la escalera... Todo el vello de su cuerpo empezó a erizarse. Sus oidos no podían dejar de escuchar, su corazón cada vez latía más fuerte... y en su mente sólo retumbaba una pregunta ..
¿ De que manos procede esta enigmática melodia?
¿ quíen tiene la sensibilidad para convertir en notas tanto sentimiento?

Derepente el interprete dejó de tocar y en ella se asentó el alivio de saber que no se trataba de un triste radiocaset. Era la imperfección humana la que daba vestigios de la procedencia at homos de esas notas afiladas pero de caracter triste y doliente,

De nuevo los dedos se sumergian el el teclado del piano y  ella no podía dejar de admirar aquella puerta que  privaba a su  ya enorme pero creciente curiosidad. Aquella puerta  la privaba de conocer a su estimado vecino e explendido interprete ...  Tan sólo ese chismezito encaramado al gigantesco plafón de madera tallado, le hubiese dado respuestas...

entonces en ella asaltó la gigantesca duda ...
¿ Llamarás al timbre, o relegarás tu papel a ser la que escucha sentada en la escalera?

El misterio, la idolatria, la visión romántica en estado puro  y ese creciente platonismo idílico germinaban dentro de ella ...
Bajó las escaleras como quien abandona a su amante tras un furtivo e inesperado encuentro amoroso
llegó a la habitación, dejó las llaves, dejó su bolso y sin duda se puso a taradear ...

esas notas, ese piano, esa melodia,
él, el interprete ...